Por una cosita de nada

Una cosa chiquita. Una cosita. Algo mínimo.
Una miguita de algo. O una gotita de algo.
O ni siquiera eso. El vestigio de una cosita.

Una insignificancia, en el lugar equivocado.
En el preciso y específico lugar equivocado.
Y todos mis demonios emergerán como demonios.

Con la violencia de un espasmo, desde mis entrañas.
Con la fuerza ascendente con la que estalla un volcán.
Fuera de toda proporción, reacción desmedida y letal.

Por una cosita de nada, o el recuerdo de alguna cosita,
De un algo que se haya quedado molestando en mi garganta.
Reaccionarán mis tripas, como una horda enloquecida y feroz.

Hilachas

A veces pasa. Llega un momento distinto a todos los demás momentos y de repente, así, como sin querer, todas las viejas sábanas que cubrían a los viejos fantasmas, caen como viejos trapos deshilachados.

Y resulta que bajo esos trapos no queda nada. Nada de nada. Nada que asuste, ni nada que conmueva. Nadie sabe, ante tal acto de magia repentina, si reír o llorar. Casi todos optan por una sonrisa leve, de esas sonrisas satisfechas, como de quien dice ¿Qué se le va a hacer?¡A otra cosa, mariposa!

(Ya vendrán otros fantasmas, nuevos, distintos, más puros, y posiblemente más significativos. Porque fantasmas siempre hay. El secreto está en espantarlos pronto, que no se queden, que no se instalen, que no se acostumbren a nosotros. Ni nosotros a ellos.)

Tal vez hoy

Tal vez hoy sea cuando.
No el único “cuando”, porque los “cuando” siempre son muchos.
Tal vez hoy sea el “cuando”.  O un “cuando” al menos.
Aunque no sea el primero, ni último, ni el más importante.

Tal vez hoy sea uno de esos días.
De esos días que no pasan sin pena ni gloria, aunque sean mínimas.
De esos hitos chiquitos, esas marcas de tiza en el camino.
Un día de esos, con fecha escrita con tinta indeleble en nuestra historia.

Tal vez hoy lo sea, tal vez no.
Esas cosas se saben después de un tiempo, mirando en retrospectiva.
Hoy, yo creo que sí lo será, pero es solo una creencia, un anhelo.
Prefiero creer que sí, y prefiero que las incógnitas sean meros detalles.

En simultaneo

El truco, tal vez, sea la simultaneidad.

Ser al mismo tiempo lo uno y lo otro, en un mismo instante.
No un rato cada cosa, no cambiar según las circunstancias,
sino serlo todo a la vez, incluso las circunstancias.

Ser el árbol firme que resiste frente a todas las tormentas;
y ser la hoja que se deja llevar, dócilmente, por el viento.
Y ser también el viento, el devenir de las cosas, el tiempo que pasa.

Ser la tierra donde se hunden las raíces de todo y ser las raíces,
Las que nacen, las que crecen, las que mueren y desaparecen.
Y el agua que las nutre y las moja, el agua que es todo y a veces falta.

Y ser nomas yo, mi memoria y la conciencia de mi misma;
mi unicidad, mis límites, mis nervios trenzados y hechos nudos;
mis pedazos de humanidad de carne y hueso. Y solo eso.

Al mismo tiempo, todo. Incluso aquello de ser y no ser. En simultaneo.

CaCO₃

El carbonato de calcio es un compuesto químico.
Un poco de calcio, tanto de carbono y unos oxígenos.
Organizados en estricta formación y proporción.
Pertenece, dicen, a la categoría de las oxosales.

Es una sustancia muy abundante en la naturaleza.
Casi todas las piedras lo tienen en alguna medida.
Es el principal componente de caparazones y esqueletos.
Las cáscaras de huevo son puro carbonato de calcio.

Es la causa principal del agua dura.

Es fundamental en la producción de vidrio y cemento.

Y también es fundamental para mi felicidad.

El otro payaso.

Con la convicción de que hacer reír es bueno, el payaso se consuela.

El fantasma del buen Garrik lo guía, lo invade, lo acompaña.

Ya no soporta hacerse el tonto, pero es lo que mejor funciona.
Ya no quiere seguir tropezándose a propósito con sus propios pies.
Ya está cansado de pintarse la cara de blanco y de tanta ridiculez.
Ya está harto de caer de cara en el pastel, una y otra y otra vez.

Pero el númerito del payaso listo no funciona aún del todo bien.
Al menor gesto de inteligencia los niños se asustan y  lloran.
Y los adultos fruncen el ceño, fruncen la nariz, y todo lo fruncible.
Porque también los adultos les temen a los payasos inteligentes.

Si no es de la desgracia ajena, parece, ya no saben de que reírse.

(y eso no está bien, nunca lo estuvo, nunca lo estará)

No. Nunca. Jamás.

Ni a propósito, ni por error.
De ninguna forma ni por ningún motivo.
Ni siquiera por puta casualidad.
Ni por lástima, ni por compasión siquiera.
Se apelen los medios a los que se apelen.
Ni por favor, si se los pidiera.
Ni por las causas primeras,
Ni por las razones últimas.
Ni para cumplir formalidades.
Ni para simular simpatías.
Ni si por las dudas ni si por tal vez.
Ni por curiosidad, por leve que sea.
Ni, definitivamente, por genuino interés.