Custodios.

Desde la ventana veo el parque. Lo veo bien, no hay una calle de por medio, sino apenas un caminito de concreto, peatonal y ni siquiera tan usado. Por eso la vida del parque es parte de nuestros días. No tenemos cortinas, no podemos evitarlo. Por eso puedo decir exactamente cuando llegaron los pozos: hace tres semanas y dos días.

Llegaron las cuadrillas y se pusieron a cavar. Unos doce pozos en todo el parque, muy prolijos, como de sesenta por setenta, y tal vez ochenta de profundidad. Obviamente, no todos aparecieron el mismo día. Una semana les llevó, al menos, terminar las tareas de cavar y rodear cada pozo con las cintas rojas y blancas de seguridad.

Ya viendo la distribución de los pozos, y conociendo la realidad de este parque olvidado de todos, no fue tan difícil adivinar que eran pozos para colocar columnas de luz, cosa que a todo mundo – o casi – haría muy feliz. Hasta aquí, pura algarabía y entusiasmo por las buenas nuevas.

Pero la cosa es que cada día, luego de ya estar bien cavados los pozos, llegaban las cuadrillas a… custodiarlos. Por cuatro o cinco horas, ahí parados, junto a un pozo o el otro, esperando quién sabe qué. Sacando del pozo, por hacer algo de rato en rato, la tierra que la lluvia de cada día volvió meter; arreglando las cintas plásticas que la intemperie ha deteriorado o algún pillo rompió al pasar; fumando un cigarrillo o filosofando sobre la vida. O dándole compulsivamente al celular, jugando, chateando o navegando por el mundo tan poco extraño de facebook. Pero principalmente custodiando los pozos, cuidándolos, como si algún tesoro secreto hubiera escondido allí, o como si existiera la remota posibilidad de que se escaparan de su lugar…

Así, día tras día, desde hace más de dos semanas. Esperan, supongo, que lleguen los postes que no llegan. Mientras tanto, dos rectángulos más han aparecido marcados con cal, señal de que nuevos pozos llegarán en breve. Tal vez sea porque van a poner más luces. O porque ya no saben que hacer los custodios con tanto tiempo de no hacer nada con la pala en mano. Como sea, al parque le viene bien que le remuevan un poco la tierra, tan apisonada por años….

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Un pensamiento en “Custodios.

  1. gunnarwolf dice:

    Más vale dejar un comentario por aquí. Un comentario que quede como constatación de mi existencia. Porque, sabrán tus demás lectores, no es poco común que yo cruce por este parque nuestro ya de noche. Y me da miedo que un agujero paralelepípedo, prolijo y bien terminado me termine engullendo. A mi o, peor aún, a alguno de los huéspedes a quienes con tanto cariño nos gusta invitar a pasar un rato en casa — Típicamente durante la noche.

    …Bueno fuera que los custodios en cuestión, que lucen impecables con su chaleco reflejante. Un chaleco como el que uso en la bicicleta para ser visto. Pero, sí, chalecos que se mantienen impecables, inmaculados, delatando que nuestra cuadrilla de inspectores vigilantes no es la misma que la sucia cuadrilla agujereadora.

    ¿O será que son de la nueva Gendarmería, y están custodiando la evidencia de una peligrosa banda que se ha empeñado en sembrar el pánico en el sur de la ciudad de México? ¿Crece acaso el pánico en agujeros de 60×60×80?

¿algo que decir? aquí es donde.

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