De busquedas y afines

“Si disfruta del silencio y la quietud, entonces, es piedra. Incluso si respira”, dijeron las piedras. Y ahí se quedó, mirando el infinito desde lo alto de la montaña por un tiempo. Luego bajó al bosque.
“Si tiene raíces que lo unen a la tierra, y de ella se nutre, es árbol. Aunque sus raíces sean etéreas y camine sobre la faz de la tierra”, dictaminó el árbol más viejo entre los árboles. Con los árboles se quedó sintiendo el viento y luego se marchó.
“Si necesita el sol y lo venera, es lagarto aunque su sangre sea tanto más caliente”, concluyeron seriamente los saurios.
“Si es esencialmente agua y depende de ella para existir, es pez, aunque no pueda respirar en ella”, concordaron los peces.
“Si sueña con volar, entonces es ave, aunque no vuele más que en sueños”, sentenciaron las aves sin dudarlo un instante.
“Si nació respirando y bebió la leche de su madre, es parte de la manada, aunque sus formas sean otras”, afirmó la loba madre.
“Si no piensa igual que yo, no pertenece a este lugar, aunque sea tan humano”, repitieron muchas veces los humanos en un lugar y en otro y en otro.
“Si no cree en lo que creo, no es de los mios”
“Si no viste como visto, si no habla la lengua que hablo, si no duerme a la hora que yo duermo…”
entre los humanos la cosa se hizo mas complicada, pero no imposible.
Después de todo, lo que buscaba lo encontró entre ellos.
Y entre ellos fundó finalmente su hogar.
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